Ángel Flores: “Nosotros somos la imagen y la voz de los que quedaron en las islas.”

Ángel Flores, Armando Fernández y Emilio Canteros compartieron sus recuerdos más crudos y valiosos sobre lo vivido en Malvinas, el valor de la soberanía, el peso del regreso, la lucha por el reconocimiento social y lo que aún esperan de la causa que marcó sus vidas. Una entrevista que no busca cerrar heridas, sino acompañar su relato con respeto y memoria.
Por
Belen Fernandez
Nací en Corrientes, donde el paisaje es orgullo y herida, y entendí que hay territorios que no se abandonan: se llevan en la piel. A los...
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Eran las diez en punto cuando comenzó la charla. 11 meses atrás, los tres hombres ya estaban sentados, como si supieran que no se trataba sólo de una entrevista. Vestidos con sus mejores ropas, con una mezcla de orgullo y nervios, se acomodan en la oficina del Centro de Ex Combatientes. Emilio, que en un principio no iba a hablar, llevaba puesta una gorra con la silueta de Malvinas. Ángel, atento a todo, jugaba con una bandita elástica entre los dedos. Armando, algo más inquieto, mordía sus uñas. Entre risas, café y facturas, empezaron a hablar. A recordar. A volver.

Armando, Emilio y Ángel tenían 18 y 19 años cuando dejaron el calor del Litoral para aterrizar en el frío de las Malvinas. Eran muchachos de Saladas, Monte Caseros y Concepción de las Sierras (Misiones).

VOLVER NO ES FÁCIL, NI LITERAL. De izquierda a derecha. Ángel, Armando y Emilio.

Corría 1982.

Había guerra.

Armando Francisco Fernández estaba en el “4 de Monte Caseros” y Héctor Emilio Canteros en el “3 de Saladas”, pero compartieron Bella Vista y trincheras. Combatieron juntos en Monte Kent y la batalla en el Monte Dos Hermanas en la “Una Hermana”, lugares que recordarán por las miradas de quienes no volvieron. Ángel Esteban “Coqui” Flores se uniría después en la memoria, en el centro de excombatientes. En 1982 fue a Malvinas con el Batallón de Infantería Nº 5.

Y volver no es fácil. Porque no se vuelve solo a las islas: se vuelve al frío, al miedo, a la soledad que vino después. Pero también se vuelve al abrazo entre ellos, a la complicidad de los que cargan una misma historia. La guerra fue una herida y la posguerra otra. “Después vino la otra guerra”, declararía Coqui: la del silencio, el olvido social y la incomprensión. Por eso armaron sus propios espacios. “La mejor terapia del veterano es otro veterano”, diría Armando.

Son hijos de Corrientes, por nacimiento o adopción, de esta tierra cálida que los despidió 44 años atrás, rumbo a la guerra.

Lo que los une no es solo haber ido, sino haber resistido juntos el después. En ese centro, construido por y para ellos, la memoria no se archiva: se vive, se sostiene, se comparte. Porque Malvinas no es solo una historia del pasado. Es una causa viva, una promesa que aún duele y enseña. Y en cada palabra que ofrecieron, lo dejaron claro: no buscan bronce ni homenajes vacíos. Solo que alguien los escuche, de verdad.

Si pudieran hablarle hoy a su “yo” de 18 años que iba a la guerra con el corazón lleno de preguntas ¿qué le dirían?

ARMANDO: Que la guerra no es conveniente para nadie, porque se pierde gente inocente, había veteranos que ya eran padres de algunos chicos, que estaban casados y se fueron, que tenían hijos. Y la guerra no lleva a nada, a nadie le conviene.

En todo viaje hay un momento de quiebre, un “ya no hay vuelta atrás”. ¿Cuándo sintieron que estaban en una guerra de verdad? ¿Hubo una imagen, un disparo, una palabra que les hizo entender?

 ANGEL: Al principio cuando llegamos a la isla era una aventura, porque teníamos entre 18 y 19 años, entonces era una aventura llegar a la isla, pero cuando empezamos a ver que teníamos que armar nuestras posiciones y empezaron a caer los primeros disparos, empezaba la verdadera batalla, y preparamos nuestro cerebro para actuar de tal forma, para defender la patria.

¿Hubo algo de Corrientes que los sostuvo allá: un chamamé, una promesa a la Virgen de Itatí o al Gauchito Gil, una carta?

EMILIO: yo tenía un Nelfal, tenía la Virgen de Itatí. En el regimiento tenía la Virgen Luján, y ese era nuestro santo, como todo creyente, parece como uno que está protegido por algo, hubo un dios aparte, otros que murieron y yo no, no me pasó nada. Yo el único drama fue el congelamiento de los pies, hoy también ya sufro, y así compañeros nuestros, que muchos vieron mal, es un asunto psicológicamente. 

ARMANDO: el Estado se hizo esperar mucho

EMILIO: hoy están muriendo más las posguerra que la guerra, somos 60 y pico en Bella Vista y la mayoría estamos normales, tenemos nuestros, llega ese momento que tenemos ese bajón, tenemos todo, hijos, nietos, que nos acompañan, eso es lo lindo. 

ARMANDO: Y hay gente que se mataron, que no aguantaron, 

ANGEL: los 10 primeros años no tuvimos contención de ningún tipo, lo único que nos conteníamos era entre nosotros, no nos daban trabajo y demás, entonces eso llevó que haya la mayor tasa de suicidio. Después de eso, empezamos a cobrar una pequeña cohesión nacional, y a tener obra social, ahora tenemos el PAMI, y ahí empezamos a tener una especie de contención.

¿Qué fue lo más duro de soportar allá: el miedo, la soledad, la violencia? ¿Hay alguna imagen o sonido que todavía los acompaña hoy? ¿Cómo convivieron con eso?

ARMANDO: Al ver a los camaradas, miedo nosotros no teníamos, más teníamos frío y por ahí hambre, éramos precavidos, por supuesto, nadie se iba a matar, pero miedo no, porque generalmente, el correntino se fue directamente, te va a decir los mismos jefes de Buenos Aires.

Cuando escuchan que los llaman “héroes“, ¿qué sienten realmente? ¿Qué sentimiento aparece primero?

ÁNGEL: Ellos, los que quedaron, son los héroes para nosotros, y que ustedes, la gente nos considere héroes a nosotros está bien, nos hacen un saludo, nos cae bien, que nos agradezcan por todo lo que hicieron. Vale la pena, Nos hace bien porque fue muy duro todo aquello y nunca se borra. Vamos a descansar en el tema de Malvinas cuando terminemos nuestras vidas, ahí termina para nosotros Malvinas. Mientras tanto, quiera o no, siempre está en nuestras raíces.

es un halaguito para nosotros, pero en realidad para nosotros los verdaderos héroes son los que están muertos.”

Angel Flores

ARMANDO: aparte legítimamente Malvinas es Argentina. Ellos usurparon Malvinas, no es que nosotros fuimos a usurparlos. 

Hace unos años, una canción los trajo de nuevo al centro de la memoria popular.¿Qué sintieron al escuchar “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” en “Muchachos”? ¿Cómo vivieron el Mundial y ese reconocimiento?

EMILIO: Para nosotros fue una cosa muy linda. A los chicos en la escuela, hablarles de las Malvinas para que sepan realmente cuáles son los héroes, qué es lo que hicimos, por qué fuimos, qué es lo que hizo. Más para los chicos ahora que están viniendo, que tienen otra manera de pelear. Ellos tienen mucho más, más estudios, más todo. Yo siempre digo, la verdad que fue muy contento para los chicos. Y nos sentimos bien, nosotros. Muchos dicen, “¿te molesta porque hablamos?”. No, al contrario, nos sentimos felices porque nos descargamos hacia la gente, al chico, a todos, a cualquiera que quiera escuchar de Malvinas. Para nosotros era una terapia muy importante eso.

ÁNGEL: Fue una caricia al alma para nosotros. Recordándonos a nosotros, se recuerda a nuestros compañeros que están caídos en las islas. 

Malvinas aparece en murales, tatuajes, banderas. En las calles, en las pieles. ¿Qué sienten cuando ven esas expresiones en la vida cotidiana? ¿Qué les pasa adentro?

ANGEL: Estamos haciendo algo de un buen trabajo, porque alguien dibujó eso, entonces alguien se acuerda de Malvinas y entonces invita a que todo el mundo también siga hablando de Malvinas.

ARMANDO: Es un orgullo para nosotros, para nuestros compañeros, que se hable, que se hagan murales, todo eso.

En muchas marchas, escuelas o canciones se dice “Las Malvinas son argentinas”… ¿Qué representa para ustedes decir eso hoy, en este contexto político?

ARMANDO: Los veteranos, los soldados cuando fuimos a Malvinas, no éramos políticos, nosotros fuimos a defender lo que era nuestro. Para nosotros Malvinas no es ninguna política, Malvinas es Argentina, y lo defendimos así, y si tenemos que volver a hacerlo, lo haremos de vuelta.

El gobierno actual parece desdibujar la causa, o callarla. ¿Qué sienten cuando desde el poder se relativiza Malvinas? ¿Qué lugar creen que debería tener en la agenda del país?

ARMANDO: Dicen que Malvinas es una pérdida. Si Argentina algún día le den Malvinas, representa un gasto para el país. Y no es así, porque estamos recuperando lo que es nuestro. Y tendríamos más territorio. No como ahora que están saqueando el sur argentino, los pescadores chinos, los europeos, están saqueando nuestra pesca, el petróleo, todo.

La soberanía es una bandera, pero también un dilema. ¿Se puede defender sin caer en un nacionalismo vacío o ciego? ¿Dónde trazan ustedes ese límite?

EMILIO: ¿Si se puede defender? Yo creo que sí. Pueden decir mentiras, pero lo hacen. Y lo hacen con orgullo, con mucha felicidad y hasta el final. 

ARMANDO: Tienen que defenderla nuestros políticos, porque ellos son los que representan. Tendrían que defender ellos. Ojalá que lo hagan bien.

Hoy otros pueblos también resisten y luchan por su tierra. Cuando ven por ejemplo a Palestina o Ucrania, ¿se sienten reflejados? ¿Qué ven parecido y qué sienten distinto respecto a Malvinas?

ARMANDO: Ellos están acostumbrados a estar en guerra. Nosotros no. Ni una guerra es linda porque, como te dije, muere gente inocente. Nosotros antes con el servicio militar, en ese momento estábamos prestando el servicio militar. Es la obligación.

 ¿Qué fue más difícil: sobrevivir allá o sobrevivir a la vuelta a casa?

ARMANDO: Vivir acá. Soportar la discriminación durante los años, ir a buscar trabajo, por ser ex combatiente. Nosotros estuvimos en una guerra. Eso llevó a los suicidios, se mataron, un montón de cosas.

EMILIO: Porque era también como que éramos uno más. Con 18 años nosotros que hoy estamos desde buena edad ya. En el caso mío, yo los dos de abril. Un mes antes, estoy “rechapita” porque yo estuve en guerra, y con mis nietos, con mis padres, con mis nietos, mis hijos. ¿Y cuántas madres querían estar así? Nosotros en los desfiles, que ves que cruzan todos los compañeros, y te pones a pensar. Están las madres de los camaradas que se quedaron allá.

¿Qué fue lo que más dolió: el silencio o las palabras vacías? ¿Qué se tragaron para poder seguir adelante?

EMILIO: Lo que pasa es que nosotros, cuando vinimos de allá, teníamos prohibido hablar en Malvinas. Y después de treinta y pico.

ANGEL: Los militares no querían que hablemos porque hubo mal comportamiento. Entonces decían, “lo que pasó en Malvinas, queda en Malvinas”. No podíamos hablar del tema acá. Pero con el tiempo hablar era sanador. Primero entre nosotros, después ya salíamos en los medios a hablar de todas esas cosas. Y el pueblo tiene que saber de qué se trata. Eso no se calla.

¿Qué marcas invisibles sienten que aún cargan encima, aunque no se vean?

ANGEL: Psicológicamente, todos volvimos afectados después de la guerra. Ahora, un hecho para sanar un poco de la herida de guerra, lo estamos recibiendo de parte del gobierno de la provincia de Corrientes. El hecho de recorrer los lugares que combatimos en Malvinas y ver mejor la isla ahora, hace valorar más lo que hicimos nosotros en el 82. Vemos que nuestra actuación en el 82 fue grande y efectiva, porque generalmente venimos con la culpa de que si hubiese tirado un tiro más, capaz el resultado era otro. Estamos en paz con nuestra conciencia y eso nos ayuda a salvarnos también.

¿Qué creen que todavía no se entendió sobre lo que fue, y lo que es, Malvinas?

ANGEL: La guerra de Malvinas hizo algo importante en su momento que fue la unión nacional. Después de la guerra vino una especie de desmalvinización, revertir esa situación y separar al pueblo argentino, se pretendió que la gente se olvide y no entienda lo que pasó. 

Y en el 82 lo que pasó fue que un grupo de argentinos fuimos a defender la soberanía de nuestras islas. No pudimos concretarla, pero estuvimos muy cerca. Y en los viajes que hacemos ahora nos damos cuenta que sí.

Angel Flores

¿Qué significa para ustedes poder viajar con otros veteranos correntinos? ¿Cómo se ve Malvinas hoy, desde allá?

ARMANDO: Yo no me voy aun. Sería algo bueno estar donde estuvimos con 18 o 20 años y ahora ver, se valoriza más lo que hicimos en ese momento que éramos prácticamente chicos jóvenes en 20 años.

ANGEL: En el 82 caímos en Malvinas con 19 años, parecía una aventura, pero hoy que tenemos la oportunidad de regresar en cuerpo y alma a Malvinas, nos hace muy bien porque hay una cosa mágica que aparece en estos viajes y es que cuando llegamos, buscamos hacer un homenaje a nuestros compañeros que han muerto en las islas y no tuvimos tiempo de llorarles, la posibilidad de hacer el duelo. Yendo a nuestra posición donde nos asentamos, desde ese lugar defendimos la patria y dimos prácticamente todo lo que teníamos, y nos damos cuenta de que sí, efectivamente, hemos trabajado y hemos cumplido con nuestro deber.

EMILIO: Fue una terapia, un descargo, que tenía siempre ese dolorcito, te duele dejar a ese compañero. Hoy, la mayoría de nosotros que fuimos y llorábamos ahí en la tumba, encontramos a nuestros compañeros que realmente quedaron ahí. Yo vine, saqué ese peso que tenía de 43 años, que tenía ese dolor, ese pensamiento, y se me dio la oportunidad, gracias a Dios, ya cumplí esa promesa. Ese fue mi deseo más grande del mundo y hoy estoy aliviado de ese pensamiento.

La causa Malvinas no es la misma que hace 40 años. ¿Cómo cambió su forma de verla con el tiempo? ¿Hay cosas que pensaban antes y hoy no?

ARMANDO: Siempre se pensó lo mismo, Malvinas fueron, como dicen todos, hasta los himnos, fueron y serán Argentinas, entonces el pensamiento va a ser siempre lo mismo,. 

ANGEL: La misma historia de siempre fue, la veíamos con otros ojos, pero ahora con otros ojos más, de persona mayor, ya la vemos de otra manera, y entonces entramos a una valoración distinta, nuestros padres han sufrido un montón. Los casos en Malvinas tienen mucha historia, no solamente lo que tuvimos en combate allá, sino que también está el tema de la espera, la espera de nuestros padres y hermanos acá,  y si nuestros hijos salen un rato de la casa, vos estás pensando si van a volver o no, en cambio nosotros estábamos en la guerra y nuestros padres sabían que podían caer en un bombazo en cualquier momento y desaparecíamos,

¿Qué sueñan que pase con Malvinas? ¿Qué sería una reparación real, concreta, no simbólica?

ANGEL: La recuperación total de la soberanía de las islas. Sabemos que no se va a cambiar de un día para el otro, si obtenemos la soberanía, dentro de 50 años recién se va a restablecer, lo que más queremos es la soberanía sobre nuestras islas, lamentablemente nuestros gobiernos no están haciendo nada al respecto.

Si esta entrevista la leyera un joven de 18 años, como ustedes cuando fueron a la guerra, ¿Qué querrían que entienda? ¿Qué no debería olvidar nunca sobre lo que vivieron?

ANGEL: Luchar por la causa de Malvinas, agarrar esa bandera, seguir por su futuro. A nosotros ya nos queda poco tiempo, los jóvenes tienen toda la vida. Hoy lo que están ganando los isleños serviría para la Argentina, en vez de ir para Inglaterra.

ARMANDO: Ellos explotan todo. 

ANGEL: Y no hablar solamente de Malvinas, las Shetland Georges, las Sándwiches del Sur, pretendiendo ir sobre nuestro sector Antártico. Hay muchas intenciones, especialmente Estados Unidos, los ingleses y los chilenos  están viendo la forma de agarrar parte del Antártico. 

ARMANDO: Tiene que partir de la escuela, enseñarles al patriotismo. No malvinizar solamente el mes de Abril, tratar todo el año.

ANGEL: Argentina es un país bicontinental, empieza en Jujuy y termina en la punta de la Antártida. Y si vos doblas el mapa, desde la Antártida hasta Jujuy, vas a ver que el centro de la Argentina no es como generalmente se dice, Córdoba. 

El centro de la Argentina está en las Islas Malvinas. Hay que defenderlas porque están en la mitad de nuestra patria.

Angel Flores

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Nací en Corrientes, donde el paisaje es orgullo y herida, y entendí que hay territorios que no se abandonan: se llevan en la piel. A los ocho años hice mi primer diario para contar lo que otros no sabían —la extinción del delfín chino de río— y desde entonces escribir es mi forma de no mirar hacia otro lado. Intenté ser abogada y profesora de Historia, hasta que en 2023 cambié de rumbo; fue mi hermano menor, Enzo, quien me hizo la pregunta que lo desarmó todo: ¿por qué no estudiás periodismo? Un año después empecé la Licenciatura en Comunicación Social. Practico el budismo en silencio, como una forma de sostener la calma sin apagar el fuego. River Plate es memoria y cuerpo; la Fórmula 1, una obsesión improbable: amar un lugar que no promete pertenencia y aun así reclamarlo. Escribo desde el feminismo, la política, la ciudad: sin pedir permiso, sin bajar la voz, sin mirar hacia otro lado.
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